20/04/2022
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Andrés Núñez, fundador de la edtech colombiana Griky: «El gran transformador de la educación fue el Covid; no fueron los rectores, el CEO ni el Chief Innovation Officer»

En Tekios conversamos con Núñez sobre la transformación que experimenta el sector de la educación de la mano de las nuevas tecnologías, y de cómo estas pueden ser una virtuosa herramienta que inunda la sociedad de una manera nunca antes vista en la historia.

En Tekios conversamos con Núñez sobre la transformación que experimenta el sector de la educación de la mano de las nuevas tecnologías, y de cómo estas pueden ser una virtuosa herramienta que beneficie la sociedad de una manera nunca antes vista en la historia.

Andrés Núñez creció entre las aulas universitarias. Su padre, ganador de una beca Fulbright, regresó al país después de estudiar una maestría en la Indiana University para fundar, en 1978, la Universidad Panamericana (hoy Fundación Universitaria Compensar), una universidad técnica ejemplar que creció aceleradamente en las siguientes décadas.

Núñez siguió el designio familiar desde muy temprana edad y así fue como se lo vio desempeñarse en diversas labores en esa institución. Organizó libros en la biblioteca, trabajó en la cafetería y organizó eventos deportivos, entre otras funciones, hasta que, después de graduarse, se convirtió en profesor, decano, vicerrector, rector y presidente de esa universidad.

Fue durante su doctorado en la Florida State University, mientras no abandonaba su labor docente, cuando se dio cuenta de que la tecnología transformaría para siempre la manera en que se enseña y que esta era la vía para cumplir el gran propósito que se había trazado la institución familiar a la que pertenecía: democratizar la educación.

Pero los cambios traen resistencias. Así que ante las aprensiones del sector educativo, decidió fundar Griky, en 2019, una de las plataformas de aprendizaje permanente más grandes de Iberoamérica.

Núñez hablo con Tekios desde Miami, donde maneja esta edtech colombiana que ha sido citada como ejemplo de éxito en varios estudios, como el del BID Lab y Holon IQ, del que escribimos hace poco en Tekios.

Llegas al sector educativo desde muy joven

-Así es. Desde los 7 años he estado metido en las aulas universitarias. Yo siempre digo que a donde he llegado es porque desde muy temprano me subí en hombros de gigantes, uno de ellos mi padre.

Repites con mucha pasión la frase de «democratizar la educación», como si fuera la guía de lo que haces. ¿Ese propósito surge en tus primeros años en la institución familiar?

-Mi padre fue franciscano. A partir de esa experiencia él dice que la educación lo salvó, y por eso desde siempre quiso crear una universidad para todos, democratizar la educación.

Cuando fui rector lo entendí mejor. Me gustaba mucho ver cómo en las ceremonias de graduación nuestros estudiantes eran los primeros graduados de familia extensas de primos, tíos, padres… Era muy emocionante y eso alimentó la pasión por ese propósito.

Porque, además, eres fundador de otras instituciones educativas, ¿cierto?

-Mi padre quería ver la universidad muy grande, y decía que como familia no íbamos a ser capaces, por eso buscó un aliado importante y se alió con Compensar (una de las cajas de compensación más grandes de Colombia). A mí me queda el sinsabor de haber perdido la gobernabilidad de una institución que era de la familia, y por eso siempre dije ‘quiero volver a ser fundador’.

¿Sigues vinculado a estas instituciones?

-Sí, a muchas de ellas. En las que no, ha sido por motivos de conflicto de interés; o porque veo que no se transforman a la velocidad que se transforma el mundo. Si veo que esa institución no va a evolucionar, trato de probar otra cosa nueva para lograrlo. Así llegó el tema de la tecnología.

HERRAMIENTA PARA LA EDUCACIÓN

-A eso quería llegar. ¿Cómo fue ese encuentro entre tecnología y educación?

-Yo estaba buscando mi doctorado en el 97, en la Florida State University (FSU), y en el camino me encontré con la tecnología. El internet estaba llegando cuando oí de la Open University, en Inglaterra, una universidad totalmente abierta, siempre a distancia y accesible, con una relación muy fuerte con la FSU. Desde el día uno que llegué al doctorado me dijeron: ‘Tú te encargas de formar a los docentes para que conviertan sus cursos a online’. Ese fue mi trabajo.

Desde ese momento me apasioné por ese mundo, porque vi que esa sí es la forma de democratizar la educación. Además, nosotros (Universidad Panamericana) sufrimos muchísimo con el tema de sedes en Bogotá, con los permisos y otras cosas, así que dije, ‘esta es la forma de hacerlo: online’.

En ese momento, ¿alcanzabas a ver la magnitud que iba a tener la tecnología en la educación?

-En el 98 había universidades online de más de 150.000 estudiantes. La Open University, que fue mi introducción a este mundo, tenía más de 100.000. Unas pocas universidades públicas, cuatro o cinco, tenían 100.000, pero sí me di cuenta de que era cuestión de tiempo para que esto fuera masivo. Por eso cuando yo volví del doctorado, regresé a la universidad de la familia, monté todos los programas virtuales y me encontré con una resistencia impresionante al cambio.

Entonces, de ahí me voy a ser el presidente de la red Ilumno. Llegamos a tener 18 universidades en la red, donde les enseñábamos a virtualizar las universidades. Llegamos a tener 350.000 estudiantes, la mitad de ellos virtuales, y luego me pasa lo mismo: la resistencia al cambio. No pude convencerlos y decidí salir y fundar Griky, con la intención de aprovechar la tecnología para hacer masiva la educación de calidad y al menor precio posible.

GRIKY O LA DEMOCRATIZACIÓN DE LA EDUCACIÓN

Debías seguir persiguiendo el viejo propósito de democratizar la educación.

-Exactamente. Nuestra visión es democratizar el acceso a oportunidades a través del aprendizaje permanente. Quien está todo el tiempo aprendiendo tiene muchísimas oportunidades. Nosotros queremos que la gente se forme como lifelong learners. Y queremos llevar eso a millones de personas. ¿Y cómo se hace eso? Bajando el precio con tecnología, pero con la mayor calidad posible.

¿Y cómo rompes la resistencia al cambio de la que hablabas?

-Yo antes de la pandemia iba a las universidades, luchaba mucho y me daban unos pilotos muy pequeñitos. Me decían ‘sí, pero no me toques el core’. El gran transformador de la educación fue el COVID-19; no fueron los rectores, no fue el CEO ni el Chief Innovation Officer, que casi no existía en ese momento, sino la pandemia, por eso hoy tenemos una fila de universidades tocándonos la puerta.

Vimos en LinkedIn que hace poco cambiaste tu posición de CEO, a CVO (Chief Visionary Officer) en Griky. ¿Qué significa eso?

-El fundador no necesariamente tiene que ser el CEO, sino un CVO. Es un concepto de Simon Sinek, a quien me gusta leer. Yo no me considero un buen CEO; creo que puedo ser un buen visionario y no quiero perder eso, porque quiero que Griky siga trabajando. Mi equipo lo hace mil veces mejor que yo, están en el día a día, están con los clientes, están con los estudiantes, pero yo quiero ir tres años adelante; quiero estar ya pensando en metas, en inteligencia artificial, en realidad virtual, en qué va a venir, porque esto cambia tan rápido. Quiero estar en la visión de futuro, volverla producto y tener un equipo muy bueno que ejecute e implemente.

EDUCATION FOR EQUITY

-Tenemos entendido que la inversión de Enfoca es muy importante para ustedes. ¿Cómo fue el proceso para recibir esa inversión?

-Durante tres años hice bootstrapping con recursos propios. Ya en noviembre del año pasado recibimos esa inversión de US$5 millones de este grupo peruano.

Fue un proceso bien bonito, porque hicimos el proceso tradicional de preparar el pitch, todo este rollo; cuando lo teníamos listo, comenzamos a buscar capital. Llegaron muchos inversionistas tradicionales financieros, pero no compartían nuestra visión de democratizar la educación por encima del valor financiero. Muchos empresarios buscan solo el retorno a su inversión y no tanto el retorno social. Y no es que esto no vaya a ser rentable: ¡es muy rentable! La educación en general puede ser muy rentable, pero nosotros necesitamos que tenga el perfil de emprendimiento social.

Fue un proceso de 6 meses donde rechacé varias ofertas hasta que me invitaron a un proceso de Shark Tank académico, en la Universidad de los Andes, en Bogotá, que terminé ganando. De ahí me invitaron al Shark Tank tradicional. Y ahí me pregunté, ‘¿que le ofrezco a estos Sharks?’ Porque a mí ese modelo de inversión tradicional de US$500.000 por el 3%, o lo que sea, no me gusta. Entonces, les dije: ‘les voy a dar el 5% por un dólar, pero se comprometen a formarme a 55.000 personas. Les cambio servicios por equity’. Lo llamé Education for Equity y ahí surge todo eso. Se subieron tres, pero finalmente no cerramos el proceso con ellos, aunque se vuelven clientes. Vimos una gran oportunidad y empezamos a ver quiénes tienen los 55.000 estudiantes. La respuesta fue: los grupos educativos. Entonces, invité a varios grupos y así es donde surge esta inversión del grupo de Enfoca, que tiene inversiones en varias universidades.

-¿Ese modelo de Education for Equity lo sacaste de algún lado?

-Es mío, pero lo copié del concepto branding for equity que existe en publicidad. Las startups van con un CNN o un Univisión y piden publicidad a cambio de equity. Había buscado algo parecido y lo encontré. El concepto era aceptado a nivel de inversionistas y eso me ayudó mucho a presentar el caso de Education for Equity.

¿Eso cambió estructuralmente la empresa?

-No, pero se aceleró la búsqueda del objetivo de llegar rápidamente a un 1 millón de estudiantes y a 6 millones en el mediano plazo. El objetivo es ser un unicornio, pero por la cantidad de personas que formamos; si son mil millones de personas, ¡vamos a valer millones de dólares!

Los resultados financieros naturalmente van a llegar si cuidamos el costo y el modelo de negocios. Sí es un antes y un después, porque podemos consolidar el equipo, pero en realidad no cambió mucho la visión y lo que creemos. Hoy ya somos 51 personas y en ese momento éramos 13; ya tenemos un equipo para crecer aceleradamente como lo estamos haciendo, y pasamos de 13 clientes a 40, de 80.000 estudiantes a 250.000. Pasamos de 7 países a 15, y la meta es llegar a 20 este año.

Un crecimiento aceleradísimo

-Nos estamos quintuplicando en un año. El objetivo es cerrar con 1 millón de estudiantes este año; 100 instituciones, 20 países y 10.000 cursos.

UNIVERSIDAD OMNIPRESENTE

¿Es mucho más difícil conseguir inversión para una institución como ustedes que tiene un objetivo de impacto social?

-El emprendimiento social paga triple: le paga a los inversionistas, paga al fundador y le paga la sociedad. Nosotros no tuvimos tanto problema. Yo creo que cuando uno lo presenta como un emprendimiento social, con inversión social, tiene un buen retorno, no es tan difícil.

A tu familia, que viene del sector tradicional de la educación, ¿le sorprendió el crecimiento de Griky?

-Yo creo que sí. Afortunadamente Griky hoy en día es muy reconocido, pero ha sido difícil, ha sido un proceso complejo. Griky pasó de ser una marca desconocida a ser una de las plataformas lifelong learning más grande de Latinoamérica a partir de la pandemia.

Hasta dónde va la visión de Griky. ¿La venderías en algún momento?

-Lo que no vendería es el propósito. El propósito de Griky, democratizar el acceso a las oportunidades a través del lifelong learning, es invendible. Si llegan recursos que sirvan para ampliar el propósito, entonces, lo haría, pero no negociaría el propósito.

Las instituciones educativas más tradicionales, ¿cómo han respondido ante la transformación del sector y sobre lo que está haciendo Griky?

-Siempre nos quejamos de que las instituciones educativas no responden al mundo productivo, de que son muy lentas, de su rechazo a modernizarse, pero yo he querido comenzar a cambiar eso, porque la verdad es que ahora sí estoy recibiendo interlocución de una segunda generación, una generación mucho más digital, más tecnológica, que está empezando a dirigir las universidades. Ahora sí encuentro un eco, también por el Covid.

Siempre encontramos un sponsor adentro, como también siempre encontramos al académico que quiere bloquear todo, pero antes ese último ganaba y hoy el sponsor de innovación lleva la delantera y está obligando al cambio.

¿Ante la tremenda velocidad de los cambios, cómo ves al edtech en 10 años?

-Llevo algunos años hablando de un concepto que creé que se llama holoversity, incluso antes del metaverso. Sueño con que holoversity llegue a ser una realidad. Es la universidad omnipresente, pero con mayor interacción. Y como universidad me refiero a cualquier campo de aprendizaje. No me lo imagino tanto como un videojuego, como el metaverso. Me imagino algo más cercano al mundo real, que nos podamos ver por medio de hologramas. El Tec de Monterrey está experimentando con cosas así.

¿Y a Griky?

-En su función de facilitar que la gente tenga el mejor conocimiento posible, al menor precio posible, para que puedan abrir oportunidades.

-¿Se está cumpliendo ese gran objetivo de democratizar la educación?

Definitivamente sí, y cada vez más. Yo digo que somos afortunados de vivir en este mundo. Nosotros vivimos lo que fue el Muro de Berlín de la educación, y ahora estamos derrumbando las barreras de una institución que tiene más de 1.000 años. Es fascinante. Cada día vamos a tener una educación con más calidad y más asequible.


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Cofundador de Tekios, es ingeniero industrial y periodista. Tras una larga experiencia en México y en Colombia en los sectores financiero, manufacturero e inmobiliario, hace más de una década publica en diferentes medios de América Latina: Milenio, El Universal, Expansión, Chilango, Animal Político (México); CNN y Esquire (Latam); Clarín (Argentina); Semana, Cromos (Colombia). Fue corresponsal de AméricaEconomía en México. Su continua búsqueda de historias originales y trascendentes dentro del periodismo de economía y negocios, lo llevaron al encuentro con las tecnologías disruptivas y su gran poder transformador para la región.